Nuestro hijo adoptivo de Málaga, Esteban Arriaga, es ya sin duda una de los más grandes maestros en el arte de la pintura del mar. Tiene por derecho propio un lugar de honor en el arte de nuestro tiempo y tiene todos los merecimientos para que su obra sea admirada con excelencia.

Esteban Arriaga es un hombre que se ha paseado por todo el mundo con sus pinceles, con sus ojos bien abiertos y con su alma sensible dispuesta para captar cuantas emociones nos muestra su naturaleza y cuanto en ella hay de relaciones históricas. Él nos ha querido dejar en sus lienzos y con su ingente obra, toda la sinfonía de colores del universo, que se encierra entre la noche y el día, entre el ocaso y el alba. Y nos a dejado plasmados en sus bellas obras, aquellos trozos de historias navales más sobresaliente, que la vincularon con su tierra natal, Tenerife, su tierra adoptiva, Málaga, y otras tantas y tantas por las que pasó viviendo y retratándolas.

Crítica retrospectiva:

El éxito sonríe una vez más a Esteban Arriaga, marino y pintor, que presenta en Kreisler una atractiva e interesante serie de marinas, que acreditan su fama y sus envidiables conocimientos marítimos, y que la presente exposición—que ha alcanzado un asombroso récord de ventas—, es el fruto de un laborioso e inteligente estudio de los paisajes marinos que atravesó y contempló Magallanes. La obra de Arriaga, que con tantos admiradores cuenta, une a su particular belleza el rigor y la precisión del documento.


Mario Antolín
Ya. Madrid, diciembre 1983

 

Arriaga (nos es preciso recordarlo) es uno de los más importantes (si no el más) de los marinistas actuales en España que, a su formación en la Escuela de Bellas Artes, añade su profesionalidad como marino: ambas vocaciones—el arte y el mar—se unen en su pintura, recomendable para quienes gustan del océano, las costas, los puertos, los buques, las playas solitarias. Esa sinfonía en azul que, según las luces, puede hacerse dorada y que el pintor desarolla en variaciones muy delicadas, en matices que nacen del perpetuo movimiento del agua siempre cambiante, en olas y espumas, en puestas de sol o el en fantasmagóricos claros de luna.


Javier Rubio
ABC, Madrid, diciembre 1983

 

Todas la sugerencias posibles al mar están recogidas y colocadas en marco, pero como si hubieran sido enmarcados los trozos mismos de piélago con la fuerza de su oleaje en alta mar on con el tenue movimiento de los remansos costaneros.
En cuanto al color, hay tonalidades increíblemente arrancadas del contorno marino e insertadas en las telas con mayor precisión cromática de la que pudiera lograrse con a más acabada técnica fotográfica y su consecuente separación exitosa de colores en la litografía.
Los cuadros de Arriaga con su deleite para el que gusta de la pintura y para los que gustan del mar, aunque no sean aficionados a aquélla. Porque allí está la presencia viva del mundo marino con su infinita universalidad de movimiento y de color, y hasta con su mensaje refrescante y sedativo.


Jorge Raygada C.
Redactor Jefe, diario 2001, Caracas, 1977

 

Será en verano, cuando los dedos y los colores no se congelen, cuando Esteban Arriaga regrese para volver a pintar el puerto de Hamburgo.
El elegante Capitán de ragata de las Islas Canarias, es uno de los pintores españoles de marinas más significativos. Nuestro velero Gorch Fock lo ha pintado en reiteradas ocasiones a través del mágico y movido mar. Hace un año que Arriaga descubrió el encanto del puerto de Hamburgo y lo pintó desde la cubierta de un buque. Hoy aquí nos muestra su primera gran exposición en suelo alemán.
El Rey Don Juan Carlos es uno de sus clientes y ya no es un pintor barato. Por su cuadro La entrada del Gorch Fock en el puerto de Hamburgo hay que pagar 12.500 marcos. ¿Cuánto ha pagado Su Majestad por el cuadro de mar que tiene en el Palacio de la Zarzuela? ¡Eso es top secret, señor! Mantener un secreto con el Rey es algo muy particular.


Peter Foster
Bild, Hamburgo, 4 diciembre 1980

 

En la obra de Arriaga, dos vertientes de interés; una, su indeclinable y reverencial actitud frente al mar por su condición de marino enamorado del medio, y dos, lo que, a causa precisamente de ese largo enamoramiento, es capaz de informar a fuerza de documentación.
Sobre el mar y en torno a él se puede fantasear con facilidad a poco que el artista se acerque a él con un mínimo de amor y conocimiento: amor para comtemplarlo y experiencia acerca de los fenómenos—sol, viento, niebla, calima—que influyen en sus aguas y las hacen calmas, rizadas o bravas a lo largo de la carrera del sol en las distintas horas del día. Y aun así, no dispondrá más que lo necesario para intentar una aproximación en él para traducirlo con adecuación y fortuna.
Pintar el mar, extraer de la mar su belleza sin artificio y su verdad con poesía, es una aliada cuestión de sentimiento y filialidad, de amor y frecuencia. Y esto, que vale para cualquier pintor marinista, es lo más sobresaliente que hay en la obra del capitán Arriaga.


Julián Sesmero
Real Academia de Bellas Artes de San Telmo
Málaga, octubre 1994

 

Ese dibujo esencial es la base recurrente sobre la que se puede desplegar la coloración adecuada para dar ocasión al nacimiento de formas acompañadas de sombras eficaces para captar el dinamismo de la escena a la que sombras, colores y matizaciones singulares sitúan en el punto crítico de una abstracción intelectual—aún no formal—que singulariza esta exposición de Arriaga.
Es preciso atender a esta dinámica porque, antagónicamente, procede de la quietud espiritual que acompaña a todo artista capaz de exteriorizar plásticamente la armonía que le motiva. En este caso, es evidente, la del mar. La identificación se produce en virtud de un proceso de equivalencia, de compensación, de afinidades; el motivo exterior es ya discurso interior, casi mística conversación que lleva al autor/narrador/transformador a descubrir, por la vía de la amistad, la sublime verdad que el mar encierra. Ha alcanzado así Esteban Arriaga una fomulación universal de la verdad, en su grado superior de belleza, válido sistema para lograr la quietud intelectual que después se diluye en inquietudes comunicativas para llegar al cuadro amplificada con los precisos añadidos culturales para pasar del estatismo a lo dinámico; en definitiva, a la estética del movimiento.


José Mayorga
Real Academia de Bellas Artes de San Telmo
Málaga, noviembre 1986

 

Una exposición del Capitán de Fragata, Doctor Ingeniero y artista español Esteban Arriaga, se ha efectuado recientemente en la Galería Internacional de la Avenida Madison, en Nueva York.
El Sr. Arriaga hizo un viaje a Nueva York a bordo del Buque Escuela Juan Sebastián Elcano cuando tomó parte en la Sail Operation 1976. No nos sorprende que un buen número de sus cuadros se refieran a la parada de grandes veleros en el río Hudson y éstas son sus mejores obras.
La colección completa de cuadros es una expresión del amor del artista por el mar. La íntima y certera percepción de su pasión por los variados efectos del mar, es captada en sus lienzos con una perfección muy poco común, gran fidelidad y profundo sentido artístico.
Tanto las escenas atmosféricas y la luz de sus crepúsculos, reflejados en el agua en calma, así como los cuadros de olas trurbulentas rompiendo contra las rocas, demuestran que el artista trata todos los temas con igual seguridad y talento, llevándonos hacia un inmediato encuentro con el siempre cambiante mar.


Dorothy May
Crítica de arte de Park East, Nueva York, diciembre 1976

Se nos ha ido otro gran pintor. Este de la mar y de todas las hazañas que se realizaron sobre ella durante siglos. Un ilusionista del agua, pintor de la sal y excelente retratista de las nubes. Un mago de la luz y un cronista, como no habrá, de la épica marina.

Se nos ha ido Esteban Arriaga. Un tinerfeño con residencia en Málaga, pero que siempre volvia a su tierra para traer lo mejor de su obra y regalárnosla en sus muestras en el Casino de Tenerife o en el Club Naútico chicharrero.

Arriaga se ha marchado a pintar en el cielo junto a otros dos grandes maestros: Juan Ruano y Francisco Concepción, tinerfeño y palmero respectivamente, y que como nadie supieron retratar el alma de esta tierra canaria, de sus mares y de sus montañas o valles.

Creo que con Ruano, que pintaba el mar como nadie, Arriaga ha sido el último gran maestro de las marinas. Sus trabajos de la altamar, con sus matices y colores profundos —que solo él sabía lograr—, serán siempre recordados y admirados.